Al limbo para no volver…

Me levanto más temprano de lo habitual, la inquietud me invade y me despierta, no sería la primera vez que no puedo conciliar bien el sueño… Normalmente me ocurre al irme a dormir, dependiendo los quehaceres pasados o venideros mi cabeza es un torbellino de emociones, sugerente palpitar a deshoras… ¿Porqué apareces cavilar de aparente sinsentido?

Os diría que a veces me vienen los mejores versos y otras los mejores pensamientos ensayísticos a modo de contratiempo intelectual. Hubo un tiempo que tenía una libreta siempre a mano para apuntar lo que me aparecía en estado de vigilia y duermevela (u otras de simple desesperación aturdida por el insomnio). Ahora ya no lo hago -lo de apuntar en mi libreta- y dejo que algunos de mis mejores pensamientos se vayan al limbo para no volver.

Supongo que ya sabrán de lo que les hablo, alguna vez les habrá ocurrido… Son tiempos complejos para todo el mundo. El estado covidiano ha trasvasado nuestras vidas y de un modo u otro nos está afectando en muchos sentidos. No paro de leer quejas y falsas re-invenciones por parte del personal en las redes sociales. Es una pena ver cómo mis congéneres están tristes y desesperados por una situación de crisis en todos los sentidos. Negocios hundidos, estrés emocional, relaciones truncadas y una innumerable y correlativa retahíla de quejas causadas por este inolvidable 2020 que ya se está haciendo muy cansino y dañino para la mayoría.

Tener buena actitud ante la vida… Como diría un amigo cubano: que te quiten la cartera pero no la sonrisa… Yo no sé bien hasta qué punto podemos reír y disfrutar del aprendizaje forzoso de estos tiempos modernos y decadentes. Si el costumbrismo cristiano ampara nuestras vidas, el limbo es un concepto espiritual que está lleno de pensamientos que nos aturden, como también lleno de esos sueños y emociones que se esfuman para no volver… No sabemos qué nos depara el futuro, ahora más incierto que nunca…

Vaya manera de dar ánimos a mis amig@s y queridos lectores/as, que por muchos o pocos que seáis, aquí están mis cavilaciones de tres al cuarto que no sirven de mucho, pero sí a modo de desahogo con la quietud de la noche.

No olvidemos la muerte -tan de moda estos días- esa que nos recuerda que aún estamos vivos. Si muchos de nuestros sueños se van al limbo para no volver, habrá que seguir soñando. Seguiremos despertándonos, hasta que el sueño más profundo y oscuro nos alcance.

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